• Hacer fotografía por obligación debe de ser una de las peores condenas posibles. En cambio, hacerlo por placer es una suerte incomparable.

Emocionarse en una boda

Emocionarse en una boda es algo muy fácil y muy difícil a un tiempo. Hablamos desde nuestra perspectiva, la de fotógrafos. En cualquier momento puedes estar buscando el encuadre perfecto, corrigiendo la luz, enfocando, y de pronto una frase te cae como una losa en el pecho. Miras por el visor, ves una lágrima que cae, y disparas mientras a ti te cae otra rodando mejilla abajo.

Eso es lo fácil.

Emocionarse en una boda
image-44126
Emocionarse en una boda
image-44127
Emocionarse en una boda
image-44128
Emocionarse en una boda
image-44129
Emocionarse en una boda
image-44130
Emocionarse en una boda
image-44131

Lo difícil viene cuando tienes que seguir realizando tu trabajo con la misma profesionalidad, dejando las emociones a un lado. Y resulta que esas emociones se te han pegado al alma como si fueran tuyas, como si en algún momento hubieras compartido esas vivencias. Y por supuesto, sigues encuadrando, enfocando y disparando con la misma profesionalidad que tampoco se te puede caer como si fuera una hoja caduca. Pero esas emociones se vienen contigo.

Y ahí termina lo difícil y comienza lo hermoso.

Emocionarse en una boda
image-44132
Emocionarse en una boda
image-44133
Emocionarse en una boda
image-44134
Emocionarse en una boda
image-44135
Emocionarse en una boda
Emocionarse en una boda
image-44136
Emocionarse en una boda
image-44137
Emocionarse en una boda
image-44138
Emocionarse en una boda
image-44139
Emocionarse en una boda
image-44140

Porque cuando vuelves a visualizar ese reportaje, cuando llegas a esos momentos, vuelves a sentirlos tan vivos y lúcidos como en el momento del disparo. Y no hay nada más cercano a viajar en el tiempo.

Por eso, entre otras muchas cosas, estamos enamorados de esta profesión.