• Trabajar con recuerdos es el oficio más hermoso y el más complicado que existe.

Poses

Nunca nos cansaremos de decir que sobre gustos no hay nada escrito, y si bien todos son respetables, en FILHIN somos muy claros acerca de lo que nos gusta y lo que no, sobre lo que estamos dispuestos a hacer y lo que no. En definitiva, nos gusta que nuestro estilo artístico quede perfectamente definido para que nadie se lleve a engaño.

A nosotros nos va la fotografía libre, la que fluye por sí sola y se preocupa de recoger emociones, de plasmar sentimientos. En resumen, la fotografía natural y sin poses. El motivo es muy sencillo: a la gente no le gusta posar. Al menos, al tipo de personas con las que nos gusta trabajar. A no ser que uno tenga una facilidad natural o que se dedique profesionalmente a posar (modelos de arte, pasarela, publicidad, etc.), cuando aparece la cámara y alguien dice ¡foto!, ¡zas!, inevitablemente aparece la cara de foto. Esto, como decíamos, no le gusta a nadie.

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También está el hecho induscutible de que posar es incómodo para los modelos, aún más si se trata de un día tan ajetreado como una boda. Uno se cansa de estar parado con la sonrisa congelada mientras los transeúntes lo miran con curiosidad. Los músculos de la cara, por más que haya estudios que afirman que la sonrisa es una configuración más relajada, se cansan. Y ahi se acabó la sesión.

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Por no hablar, sin ánimo de faltar, de lo estrafalarias que pueden resultar ciertas poses fuera de contexto. Kate Moss, tumbada, etérea, el gesto serio y el cuerpo desordenado, es probablemente una imagen sugerente. Esa misma pose en otro ámbito, con otro fondo, indumentaria y maquillaje destinados a un propósito completamente distinto, es probablemente cualquier cosa menos sugerente. Os invitamos a ver un vídeo que critica, no sin cierta dosis de mala leche, la artificialidad de las poses de moda.

 
 
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